Gracias por tu visita desde
Mostrando entradas con la etiqueta PARA LEER. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PARA LEER. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de febrero de 2008

PERMITIDME TUTEAROS, IMBÉCILES

He querido incuir en el blog el texto íntegro de un artículo de Arturo Pérez Reverte en el que hace una dura crítica al sistema educativo de España y a quienes, durante veinte o treinta años, han sido sus responsables. El título de la entrada "Permitidme tutearos, imbéciles" pertenece también a Reverte y encabeza el texto que expongo a continuación:

Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.

Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos». Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p’alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.

Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.
Arturo Pérez Reverte

domingo, 30 de septiembre de 2007

AGRESIVIDAD INFANTIL

"Tú puedes escoger lo enojado, frustrado o triste que te quieres sentir. Tú puedes, también elegir cambiar tus sentimientos".

Aprender a autocontrolarse

El problema de la agresividad infantil es uno de los trastornos que más invalidan a padres y maestros junto con la desobediencia. A menudo nos enfrentamos a niños agresivos, manipuladores o rebeldes pero no sabemos muy bien como debemos actuar con ellos o cómo podemos incidir en su conducta para llegar a cambiarla. En este artículo intentaremos definir los síntomas para una correcta evaluación de este trastorno caracterial y establecer diferentes modos de tratamiento.

Un buen pronóstico a tiempo mejora siempre una conducta anómala que habitualmente suele predecir otras patologías psicológicas en la edad adulta. Un comportamiento excesivamente agresivo en la infancia si no se trata derivará probablemente en fracaso escolar y en conducta antisocial en la adolescencia y edad adulto porque principalmente son niños con dificultades para socializarse y adaptarse a su propio ambiente.

El comportamiento agresivo complica las relaciones sociales que va estableciendo a lo largo de su desarrollo y dificulta por tanto su correcta integración en cualquier ambiente. El trabajo por tanto a seguir es la socialización de la conducta agresiva, es decir, corregir el comportamiento agresivo para que derive hacia un estilo de comportamiento asertivo.

Ciertas manifestaciones de agresividad son admisibles en una etapa de la vida por ejemplo es normal que un bebé se comporte llorando o pataleando; sin embargo, estas conductas no se consideran adecuadas en etapas evolutivas posteriores.

¿Qué entendemos por "agresividad infantil"?

Hablamos de agresividad cuando provocamos daño a una persona u objeto. La conducta agresiva es intencionada y el daño puede ser físico o psíquico.
En el caso de los niños la agresividad se presenta generalmente en forma directa ya sea en forma de acto violento físico (patadas, empujones,...) como verbal (insultos, palabrotas,...). Pero también podemos encontrar agresividad indirecta o desplazada, según la cual el niño agrede contra los objetos de la persona que ha sido el origen del conflicto, o agresividad contenida según la cual el niño gesticula, grita o produce expresiones faciales de frustración.

Independientemente del tipo de conducta agresiva que manifieste un niño el denominador común es un estímulo que resulta nocivo o aversivo frente al cual la víctima se quejará, escapará, evitará o bien se defenderá.

Los arrebatos de agresividad son un rasgo normal en la infancia pero algunos niños persisten en su conducta agresiva y en su incapacidad para dominar su mal genio. Este tipo de niños hace que sus padres y maestros sufran siendo frecuentemente niños frustrados que viven el rechazo de sus compañeros no pudiendo evitar su conducta.

Algunas teorías explican las causas del comportamiento agresivo

Las teorías del comportamiento agresivo se engloban en: Activas y Reactivas.
Las activas son aquellas que ponen el origen de la agresión en los impulsos internos, lo cual vendría a significar que la agresividad es innata, que se nace o no con ella. Defensores de esta teoría: Psicoanalíticos y Etológicos.

Las reactivas ponen el origen de la agresión en el medio ambiente que rodea al individuo. Dentro de éstas podemos hablar de las teorías del impulso que dicen que la frustración facilita la agresión, pero no es una condición necesaria para ella, y la teoría del aprendizaje social que afirma que las conductas agresivas pueden aprenderse por imitación u observación de la conducta de modelos agresivos.

Teoría del aprendizaje social

Para poder actuar sobre la agresividad necesitamos un modelo o teoría que seguir y éste, en nuestro caso, será la teoría del aprendizaje social.
Habitualmente cuando un niño emite una conducta agresiva es porque reacciona ante un conflicto. Dicho conflicto puede resultar de:

  1. Problemas de relación social con otros niños o con los mayores, respecto de satisfacer los deseos del propio niño.

  2. Problemas con los adultos surgidos por no querer cumplir las órdenes que éstos le imponen.

  3. Problemas con adultos cuando éstos les castigan por haberse comportado inadecuadamente, o con otro niño cuando éste le agrede.

Sea cual sea el conflicto, provoca en el niño cierto sentimiento de frustración u emoción negativa que le hará reaccionar. La forma que tiene de reaccionar dependerá de su experiencia previa particular. El niño puede aprender a comportarse de forma agresiva porque lo imita de los padres, otros adultos o compañeros. Es lo que se llama Modelamiento. Cuando los padres castigan mediante violencia física o verbal se convierten para el niño en modelos de conductas agresivas. Cuando el niño vive rodeado de modelos agresivos, va adquiriendo un repertorio conductual caracterizado por una cierta tendencia a responder agresivamente a las situaciones conflictivas que puedan surgir con aquellos que le rodean. El proceso de modelamiento a que está sometido el niño durante su etapa de aprendizaje no sólo le informa de modos de conductas agresivos sino que también le informa de las consecuencias que dichas conductas agresivas tienen para los modelos. Si dichas consecuencias son agradables porque se consigue lo que se quiere tienen una mayor probabilidad de que se vuelvan a repetir en un futuro.
Por ejemplo, imaginemos que tenemos dos hijos, Luis y Miguel, de 6 y 4 años respectivamente. Luis está jugando con una pelota tranquilamente hasta que irrumpe Miguel y empiezan a pelear o discutir por la pelota. Miguel grita y patalea porque quiere jugar con esa pelota que tiene Luis. Nosotros nos acercamos y lamentándonos del pobre Miguel, increpamos a Luis para que le deje la pelota a Miguel. Con ello hemos conseguido que Miguel aprenda a gritar y patalear cuando quiera conseguir algo de su hermano. Es decir, hemos reforzado positivamente la conducta agresiva de Miguel, lo cual garantiza que se repita la conducta en un futuro.

De acuerdo con este modelamiento la mayoría de los adultos estamos enseñando a los niños que la mejor forma de resolver una situación conflictiva es gritándoles, porque nosotros les gritamos para decir que no griten. ¡Menuda contradicción! Y si nos fijamos como esa solemos hacer muchas a diario.

Factores influyentes en la conducta agresiva

Como ya hemos dicho, uno de los factores que influyen en la emisión de la conducta agresiva es el factor sociocultural del individuo. Uno de los elementos más importantes del ámbito sociocultural del niño es la familia. Dentro de la familia, además de los modelos y refuerzos, son responsables de la conducta agresiva el tipo de disciplina a que se les someta. Se ha demostrado que tanto un padre poco exigente como uno con actitudes hostiles que desaprueba constantemente al niño, fomentan el comportamiento agresivo en los niños.
Otro factor familiar influyente en la agresividad en los hijos es la incongruencia en el comportamiento de los padres. Incongruencia se da cuando los padres desaprueban la agresión castigándola con su propia agresión física o amenazante hacia el niño. Asimismo se da incongruencia cuando una misma conducta unas veces es castigada y otras ignorada, o bien, cuando el padre regaña al niño pero la madre no lo hace.
Las relaciones deterioradas entre los propios padres provoca tensiones que pueden inducir al niño a comportarse de forma agresiva.
Dentro del factor sociocultural influirían tanto el tipo de barrio donde se viva como expresiones que fomenten la agresividad "no seas un cobarde".

En el comportamiento agresivo también influyen los factores orgánicos que incluyen factores tipo hormonales, mecanismos cerebrales, estados de mala nutrición, problemas de salud específicos.

Finalmente cabe mencionar también el déficit en habilidades sociales necesarias para afrontar aquellas situaciones que nos resultan frustrantes. Parece que la ausencia de estrategias verbales para afrontar el estrés a menudo conduce a la agresión (Bandura, 1973).

¿Cómo evaluar si un niño es o no agresivo? Instrumentos de evaluación.

Ante una conducta agresiva emitida por un niño lo primero que haremos será identificar los antecedentes y los consecuentes de dicho comportamiento. Los antecedentes nos dirán cómo el niño tolera la frustración, qué situaciones frustrantes soporta menos. Las consecuencias nos dirán qué gana el niño con la conducta agresiva. Por ejemplo:
" Una niña en un parque quiere bajar por el tobogán pero otros niños se le cuelan deslizándose ellos antes. La niña se queja a sus papás los cuales le dicen que les empuje para que no se cuelen. La niña lleva a cabo la conducta que sus padres han explicado y la consecuencia es que ningún otro niño se le cuela y puede utilizar el tobogán tantas veces desee."
Pero sólo evaluando antecedentes y consecuentes no es suficiente para lograr una evaluación completa de la conducta agresiva que emite un niño, debemos también evaluar si el niño posee las habilidades cognitivas y conductuales necesarias para responder a las situaciones conflictivas que puedan presentársele. También es importante saber cómo interpreta el niño una situación, ya que un mismo tipo de situación puede provocar un comportamiento u otro en función de la intención que el niño le adjudique. Evaluamos así si el niño presenta deficiencias en el procesamiento de la información.

Para evaluar el comportamiento agresivo podemos utilizar técnicas directas como la observación natural o el autorregistro y técnicas indirectas como entrevistas, cuestionarios o autoinformes. Una vez hemos determinado que el niño se comporta agresivamente es importante identificar las situaciones en las que el comportamiento del niño es agresivo. Para todos los pasos que comporta una correcta evaluación disponemos de múltiples instrumentos clínicos que deberán utilizarse correctamente por el experto para determinar la posterior terapéutica a seguir.

¿Cómo podemos tratar la conducta agresiva del niño?

Cuando tratamos la conducta agresiva de un niño en psicoterapia es muy importante que haya una fuerte relación con todos los adultos que forman el ambiente del niño porque debemos incidir en ese ambiente para cambiar la conducta. Evidentemente el objetivo final es siempre reducir o eliminar la conducta agresiva en todas las situaciones que se produzca pero para lograrlo es necesario que el niño aprenda otro tipo de conductas alternativas a la agresión. Con ello quiero explicar que el tratamiento tendrá siempre dos objetivos a alcanzar, por un lado la eliminación de la conducta agresiva y por otro la potenciación junto con el aprendizaje de la conducta asertiva o socialmente hábil. Son varios los procedimientos con que contamos para ambos objetivos. Cuál o cuáles elegir para un niño concreto dependerá del resultado de la evaluación.
Vamos a ver algunas de las cosas que podemos hacer. En el caso de un niño que hemos evaluado se mantiene la conducta agresiva por los reforzadores posteriores se trataría de suprimirlos, porque si sus conductas no se refuerzan terminará aprendiendo que sus conductas agresivas ya no tienen éxito y dejará de hacerlas. Este método se llama extinción y puede combinarse con otros como por ejemplo con el reforzamiento positivo de conductas adaptativas. Otro método es no hacer caso de la conducta agresiva pero hemos de ir con cuidado porque sólo funcionará si la recompensa que el niño recibía y que mantiene la conducta agresiva era la atención prestada. Además si la conducta agresiva acarrea consecuencias dolorosas para otras personas no actuaremos nunca con la indiferencia. Tampoco si el niño puede suponer que con la indiferencia lo único que hacemos es aprobar sus actos agresivos.
Existen asimismo procedimientos de castigo como el Tiempo fuera o el coste de respuesta. En el primero, el niño es apartado de la situación reforzante y se utiliza bastante en la situación clase. Los resultados han demostrado siempre una disminución en dicho comportamiento. Los tiempos han de ser cortos y siempre dependiendo de la edad del niño. El máximo sería de 15 minutos para niños de 12 años. El coste de respuesta consiste en retirar algún reforzador positivo contingentemente a la emisión de la conducta agresiva. Puede consistir en pérdida de privilegios como no ver la televisión.
El castigo físico no es aconsejable en ninguno de los casos porque sus efectos son generalmente negativos: se imita la agresividad y aumenta la ansiedad del niño.

Algunas consideraciones sobre el castigo en general

  1. Debe utilizarse de manera racional y sistemática para hacer mejorar la conducta del niño. No debe depender de nuestro estado de ánimo, sino de la conducta emitida.

  2. Al aplicar el castigo no lo hagamos regañando o gritando, porque esto indica que nuestra actitud es vengativa y con frecuencia refuerza las conductas inaceptables.

  3. No debemos aceptar excusas o promesas por parte del niño.

  4. Hay que dar al niño una advertencia o señal antes de que se le aplique el castigo.

  5. El tipo de castigo y el modo de presentarlo debe evitar el fomento de respuestas emocionales fuertes en el niño castigado.

  6. Cuando el castigo consista en una negación debe hacerse desde el principio de forma firme y definitiva.

  7. Hay que combinar el castigo con reforzamiento de conductas alternativas que ayudarán al niño a distinguir las conductas aceptables ante una situación determinada.

  8. No hay que esperar a que el niño emita toda la cadena de conductas agresivas para aplicar el castigo, debe hacerse al principio.

  9. Cuando el niño es mayor, conviene utilizar el castigo en el contexto de un contrato conductual, puesto que ello ayuda a que desarrolle habilidades de autocontrol.

  10. Es conveniente que la aplicación del castigo requiera poco tiempo, energía y molestias por parte del adulto que lo aplique.

¿Qué pueden hacer los padres y los profesores?

Una vez llegados a este apartado la mayoría de vosotros ya os habéis dado cuenta que la conducta agresiva de vuestro hijo es una conducta aprendida y como tal puede modificarse. También la lectura anterior os ha servido para comprender que una conducta que no se posee puede adquirirse mediante procesos de aprendizaje. Con lo cual el objetivo en casa o en la escuela también será doble: desaprender la conducta inadecuada y adquirir la conducta adaptativa.

Si montamos un programa para cambiar la conducta agresiva que mantiene nuestro hijo hemos de tener en cuenta que los cambios no van a darse de un día a otro, sino que necesitaremos mucha paciencia y perseverancia si queremos solucionar el problema desde casa.
Una vez tenemos claro lo anterior, la modificación de la conducta agresiva pasará por varias fases que irán desde la definición clara del problema hasta la evaluación de los resultados.
Vamos a analizar por separado cada una de las fases que deberemos seguir:

Definición de la conducta:
Hay que preguntarse en primer lugar qué es lo que nuestro hijo está haciendo exactamente. Si nuestra respuesta es confusa y vaga, será imposible lograr un cambio. Con ello quiero decir que para que esta fase se resuelva correctamente es necesario que la respuesta sea específica. Esas serán entonces nuestras conductas objetivo (por ejemplo, el niño patalea, da gritos cuando...).

Frecuencia de la conducta:
Confeccione una tabla en la que anotar a diario cuantas veces el niño emite la conducta que hemos denominado globalmente agresiva. Hágalo durante una semana.

Definición funcional de la conducta:
Aquí se trata de anotar qué provocó la conducta para lo cual será necesario registrar los antecedentes y los consecuentes. Examine también los datos específicos de los ataques. Por ejemplo, ¿en qué momentos son más frecuentes?

Procedimientos a utilizar para la modificación de la conducta:
Nos planteamos en la elección dos objetivos: debilitar la conducta agresiva y reforzar respuestas alternativas deseables (si esta última no existe en el repertorio de conductas del niño, deberemos asimismo aplicar la enseñanza de habilidades sociales).

  • Ciertas condiciones proporcionan al niño señales de que su conducta agresiva puede tener consecuencias gratificantes. Por ejemplo, si en el colegio a la hora del patio y no estando presente el profesor, el niño sabe que pegando a sus compañeros, éstos le cederán el balón, habrá que poner a alguien que controle el juego hasta que ya no sea preciso.

  • Debemos reducir el contacto del niño con los modelos agresivos. Por el contrario, conviene suministrar al niño modelos de conducta no agresiva. Muéstrele a su hijo otras vías para solucionar los conflictos: el razonamiento, el diálogo, el establecimiento de unas normas. Si los niños ven que los adultos tratan de resolver los problemas de modo no agresivo, y con ello se obtienen unas consecuencias agradables, podrán imitar esta forma de actuar. Para vosotros papás entrenar el autocontrol con ayuda de la relajación.

  • Reduzca los estímulos que provocan la conducta. Enseñe al niño a permanecer en calma ante una provocación.

  • Recompense a su hijo cuando éste lleve a cabo un juego cooperativo y asertivo.

  • Existe una cosa denominada "Contrato de contingencias" que tiene como finalidad comprometer al niño en el proyecto de modificación de conducta. Es un escrito entre padres e hijo en el que se indica qué conductas el niño deberá emitir ante las próximas situaciones conflictivas y que percibirá por el adulto a cambio. Asimismo se indica qué coste tendrá la emisión de la conducta agresiva. El contrato deberá negociarse con el niño y revisarlo cada X tiempo y debe estar bien a la vista del niño. Tenemos que registrar a diario el nivel de comportamiento del niño (como hacíamos con la enuresis) porque la mera señal del registro ya actúa como reforzador. Esto es adecuado para niños a partir de 9 años.

Ponga en práctica su plan:
Cuando ya ha determinado qué procedimiento utilizará, puede comenzar a ponerlo en funcionamiento. Debe continuar registrando la frecuencia con que su hijo emite la conducta agresiva para así comprobar si el procedimiento utilizado está o no resultando efectivo. No olvide informar de la estrategia escogida a todos aquellos adultos que formen parte del entorno del niño.
Mantenga una actitud positiva. Luche por lo que quiere conseguir, no se desmorone con facilidad. Por último, fíjese en los progresos que va haciendo su hijo más que en los fallos que pueda tener. Al final se sentirán mejor tanto Vd. Como su hijo.

Evalúe los resultados del programa:
Junto con el tratamiento que usted ha decidido para eliminar la conducta agresiva de su hijo, usted ha planificado también reforzar las conductas alternativas de cooperación que simbolizan una adaptación al ambiente. Una vez transcurridas unas tres semanas siguiendo el procedimiento, deberá proceder a su evaluación. Si no hemos obtenido ninguna mejora, por pequeña que sea, algo está fallando, así es que deberemos volver a analizar todos los pasos previos. La hoja de registro nos ayudará para la evaluación de resultados. Si hemos llegado al objetivo previsto, es decir, reducción de la conducta agresiva, no debemos dejar drásticamente el programa que efectuamos, porque debemos preparar el terreno para que los resultados conseguidos se mantengan.
Para asegurarse de que el cambio se mantendrá, elimine progresivamente los reforzadores materiales. No olvide que los procedimientos que usted como padre ha aprendido, los puede interiorizar para provocar en usted mismo un cambio de actitud. Practique el entrenamiento en asertividad y será más feliz.

Gloria Marsellach Umbert - Psicóloga

domingo, 27 de mayo de 2007

LA PIZARRA DIGITAL. ADIÓS A LA TIZA

Entre los recursos que las nuevas tecnologías (TIC) ponen al alcance de los docentes, la “pizarra digital” constituye, sin duda, el que proporciona un mayor potencial didáctico, al tiempo que induce una progresiva introducción de prácticas innovadoras y centradas en la actividad del estudiante; especialmente si el profesorado recibe una pequeña formación en modelos de aplicación didáctica de la “pizarra digital”.
La “pizarra digital” permite proyectar y comentar en las clases cualquier documento o trabajo realizado por los profesores o los estudiantes, y constituye una ventana a través de la cual pueden entrar en las aulas (¡por fin!) los recursos educativos que proporcionan los medios de comunicación e Internet. Por si fuera poco, el uso de la “pizarra digital” resulta extremadamente sencillo para todos, ya que no se requieren más conocimientos informáticos que saber escribir con el ordenador y navegar por Internet.

martes, 10 de abril de 2007

EL MAL HUMOR DE LOS NIÑOS

El mal humor es parte de las alteraciones que demuestran que el niño crece
El tiempo pasa para todos. El niño que hace poco era un bebé, hoy ya no usa pañales, ya charla de temas variados, y su comportamiento experimenta cambios, día a día. Antes se despertaba y se expresaba con más alegría, con más disposición, y ahora parece probar más ratos de aburrimientos, de enfados, y de mal humor. Los padres que experimentan esos cambios en sus hijos por primera vez, no deben asustarse. Son alteraciones que demuestran que el niño está creciendo. Habrá, como en todo, casos que superan los límites de la paciencia, pero hay que mantener la calma, seguro que somos todos capaces de controlar la situación, quitar el mal humor y, a la vez, estimular y fomentar la alegría, el auto control, y el bienestar en nuestros hijos.
Muchos padres se quejan contándonos que su hijo, en los primeros años de vida, era tierno y educado, pero que ahora, hay días en que se expresa de una forma muy “pesada”, incontrolable, sin paciencia, y con más resistencia. Y ellos se preguntan dónde se equivocaron. Tranquilos, el mal humor de los niños es parte de su desarrollo. Algunos niños, aunque hayan dormido lo suficiente, pueden que despierten con malas ganas, y que vuelvan locos a sus padres en su tentativa de animarles para ir al cole, por ejemplo. Cada niño es un mundo y cada uno tiene un ritmo diferente. Cuando no presentan dificultades para empezar el día, es casi seguro que lo hará en otros momentos. Puede que sean más testarudos a la hora de vestirse, o que discutan acerca de la comida, de cómo habéis guardado sus cosas, etc.

El por qué del mal humor
El mal humor de los niños puede tener muchas causas. Además de un mal despertar, el niño puede estar viviendo experiencias como el miedo, los conflictos entre amigos, tener dificultad de aprendizaje, o simplemente que no se siente bien del todo por alguna razón que pueda estar relacionada con la salud, con la relación con sus padres, con alguna frustración, etc. Los variados cambios impuestos por el crecimiento, por el desarrollo de la personalidad y por la conquista de espacios de independencia son factores por lo cuales los niños se enfadan, se aburren, y se comportan de manera negativa. Las mudanzas les desestabilizan. La nueva etapa requiere que se superen, y ellos no tienen la más mínima idea de cómo hacerlo. Es muy difícil crecer, según los psicólogos.

Aproximadamente a los dos años de edad, muchos niños manifiestan rebeldía a través de las conocidas rabietas. Cualquier NO de sus padres es motivo de frustración para el niño, que se siente llevado a expresar su no aceptación tirándose al suelo, con gritos, llantos, etc. La etapa de 5 y 7 años de edad, es un periodo caracterizado por una mudanza de comportamiento. Algunos psicólogos la llaman de “adolescencia de primera infancia”. En esta fase, existen alteraciones físicas, psíquicas y sociales. El niño experimenta barreras rumbo al mundo adulto, lo que hace con que su humor sea más inestable.
Hoy en día, a partir de los 7 u 8 años, los niños ya expresan con mucha más claridad lo que quieren y lo que piensan, y además, lo que sienten. Cuestionarán y repudiarán lo que no les gustan, y los padres tienen que encontrar fórmulas para controlar la situación. Por ejemplo, si el niño tiene que levantarse a las 8 de la mañana y resulta que él necesita de más tiempo para ganar ritmo, en lugar de insistir a que él se levante “de inmediato”, lo mejor es darle más tiempo, despertándole unos 10 minutos antes de las ocho, para que él pueda reaccionar de mejor manera al despertarse. En estos momentos, estimular al niño con cariñitos y animarle con palabras dulces también resulta aceptable. Lo importante es no crear un hábito de discusión día tras día, a la primera hora de la mañana. Con el tiempo, este momento se convertiría en un pozo de estrés.
A partir de los 8 o 9 años de edad, la rebeldía vuelve al día a día de los niños. A esta edad los niños esperan respuestas, y que todos sus deseos sean atendidos enseguida. Esta postura suele durar hasta el final de la pubertad.

Sea cual sea la razón, lo ideal es no dejar que el mal humor se extienda. Habla con tu hijo, mímale, y demuéstrale que tú no tienes la culpa de lo que le está pasando, pero que sí él puede contar contigo. La palabra llave es paciencia. Calma para educar, argumentar, y comprender lo que está ocurriendo.
Los padres deben traducir los momentos de mal humor de sus hijos como ocasiones para educar al hijo a encontrar opciones y superar sus frustraciones. Es desesperante en muchas ocasiones, pero no se puede ignorar que esos comportamientos son parte de la educación y del crecimiento de los niños. Los padres pueden ayudar a sus hijos a que aprendan a conocer y a controlar sus emociones, y demostrarles que los demás también pasan por lo mismo. En el caso de que el esfuerzo de los padres no funcione, y que el mal humor del niño esté influenciando negativamente en sus estudios y sus relaciones, la orientación de un profesional especializado puede ser una gran colaboración. Solamente un experto en el tema podrá evaluar el comportamiento del niño, y descartar algún trastorno como la hiperactividad o la depresión.

Fuente: www.guiainfantil.com

jueves, 5 de abril de 2007

CONVIVENCIA ESCOLAR Y PREVENCIÓN DE LA VIOLENCIA







  • A través del método de enseñanza-aprendizaje
  • Desarrollando la empatía y los derechos
  • El currículum de la no violencia
  • Ayudando a resolver conflictos
  • A través de las normas y la disciplina
  • Desarrollando las habilidades vitales básicas

lunes, 26 de marzo de 2007

¿LA EDAD DE LA INOCENCIA?

Cuando se refiere a la delincuencia juvenil, el criterio de nuestros gobernantes oscila entre la mano dura y la Educación para la ciudadanía.

Seguro que le suena esta anécdota: un ciudadano ve a un niño haciendo una gamberrada, como tirar basura al suelo en vez de a la papelera, y con gran cuidado le llama la atención. Sin embargo, y como de la nada, en segundos aparece su vociferante padre que le espeta, “a mi chico no le corrijo más que yo”, para, tras amenazar al viandante por meterse en camisa de once varas, soltar al chaval un par de bofetadas.

Tiene esto que ver con el debate que se está produciendo sobre los contenidos que tendrá la asignatura estrella introducida en la última reforma educativa, la Educación para la ciudadanía. Y no sólo sobre ellos, sino sobre la misma razón de su existencia, para algunos innecesaria y para muchos un resquicio por donde el gobierno de turno intentará deslizar mensajes de naturaleza partidaria. No pocos identifican esta materia con la que hasta hace 30 años se impartía con el nombre de Formación del Espíritu Nacional.

Muy Interesante (síntesis)

domingo, 25 de marzo de 2007

LA COMUNICACIÓN

GORDON sugiere que hay tres actitudes de escucha:

La escucha pasiva o silenciosa mientras el otro habla.
La producción de respuestas de reconocimiento (verbales o no verbales) por las que se hace saber que se está escuchando realmente (Mmmmm, aha, si, si, movimientos de cabeza, etc.).
La producción de frases abrepuertas mediante las cuales se invita o se anima a que la otra persona siga hablando y profundice en la conversación. (¿Te gustaría hablar más sobre esto? ¡Cuéntame, cuéntame!).
La escucha activa mediante la cual se ofrece un retorno o realimentación de lo que la otra persona ha expresado demostrando que hemos entendido (así que sentiste vergüenza en ese momento. Eso te haría sentir muy mal. Parece que estás cansado. ¿Te da miedo lo que pueda pasarle a tu hermano?).

FLECTCHER sugiere seis normas a seguir para ser un buen receptor en la comunicación:

  1. Mirar a los ojos de quien nos habla. Mantener el contacto visual.
  2. Concentrarse en lo que dice la otra persona, intentando no pensar en otras cosas.
  3. Fijarse en los mensajes no verbales del emisor para captar los sentimientos de la otra persona.
  4. No interrumpir ni hacer juicios. Esperar a que termine de expresarse.
  5. Para asegurarse de haber entendido, hacer frases que recojan lo expresado y verificar la comprensión (espejo de sentimientos).
  6. Ayudarse del otro para revisar nuestras conclusiones.

TORREGO refiere las siguientes acciones de cara a mejorar la comunicación:

  1. Mostrar interés.
    El interlocutor o alumno que está aprendiendo a formular preguntas que denoten que se interesa por lo que le ocurre al otro, especialmente por su estado emocional. Por ejemplo: “Cuéntame más cosas, dime cómo te sentías en ese momento”.
  2. Clarificar.
    Mediante preguntas dirigidas a obtener más datos para ampliar la información. “¿Y qué más ocurrió?
  3. Parafrasear.
    El interlocutor repite algunas de las expresiones de la otra persona con otras palabras a modo de verificación o apoyo a lo que emocionalmente está viviendo. “¡Ajá!, te comprendo”.
  4. Reflejar.
    Mostrar al interlocutor que se entiende su postura, sus ideas, sus sentimientos. “Entiendo que te sintieras molesto”.
  5. Resumir.
    El interlocutor recapitula o resume la idea general de la conversación que hace referencia a la comprensión empática de sus sentimientos. “La verdad es que lo pasaste mal, tal y como me lo cuentas”.

HABILIDADES SOCIALES

1 Definición
Existen muchas definiciones para explicar el concepto de habilidades sociales. Pero todas ellas contienen el siguiente común denominador:

"HABILIDADES SOCIALES COMO UN CONJUNTO DE COMPORTAMIENTOS EFICACES EN LAS RELACIONES INTERPERSONALES".

Estas conductas son APRENDIDAS. Facilitan la relación con los otros, la reivindicación de los propios derechos sin negar los derechos de los demás. El poseer estas capacidades evita la ansiedad en situaciones difíciles o novedosas. Además facilitan la comunicación emocional y la resolución de problemas.

2. Cuando no tenemos habilidades sociales...
En muchas ocasiones nos "cortamos al hablar", no sabemos pedir un favor, nos cuesta ir solos a realizar actividades sencillas, no podemos comunicar lo que sentimos, no sabemos resolver situaciones con los amigos, o con la familia, puede ocurrir que no tengamos amigos...

Todas estas dificultades subyacen a la carencia de habilidades sociales. Podríamos añadir muchas otras, todas aquellas que tengan que ver con las relaciones difíciles con los otros.

3. Cuáles son las habilidades sociales necesarias en cada situación
Existen unas habilidades sociales básicas y otras más complejas. Sin las primeras no podemos aprender y desarrollar las segundas. Cada situación requerirá mostrar unas habilidades u otras, dependiendo de las características de la situación y de la dificultad de la misma.

Para empezar a aprender estas habilidades tenemos que conocer primero las técnicas básicas de la comunicacion eficaz y luego incorporar esas conductas socialmente deseables que son las habilidades sociales.


GRUPO I: Primeras habilidades sociales

1. Escuchar.

2. Iniciar una conversación.

3. Mantener una conversación.

4. Formular una pregunta.

5. Dar las gracias.

6. Presentarse.

7. Presentar a otras personas.

8. Hacer un cumplido.

GRUPO II. Habilidades sociales avanzadas

9. Pedir ayuda.

10. Participar.

11. Dar instrucciones.

12. Seguir instrucciones.

13. Disculparse.

14. Convencer a los demás.

GRUPO III. Habilidades relacionadas con los sentimientos

15. Conocer los propios sentimientos.

16. Expresar los sentimientos.

17. Comprender los sentimientos de los demás.

18. Enfrentarse con el enfado del otro.

19. Expresar afecto.

20. Resolver el miedo.

21. Auto-recompensarse.

GRUPO IV. Habilidades alternativas a la agresión

22. Pedir permiso.

23. Compartir algo.

24. Ayudar a los demás.

25. Negociar.

26. Emplear el autocontrol.

27. Defender los propios derechos.

28. Responder a las bromas.

29. Evitar los problemas con los demás.

30. No entrar en peleas.

GRUPO V. Habilidades para hacer frente al estres

31. Formular una queja.

32. Responder a una queja.

33. Demostrar deportividad después del juego.

34. Resolver la vergüenza.

35. Arreglárselas cuando le dejan de lado.

36. Defender a un amigo.

37. Responder a la persuasión.

38. Responder al fracaso.

39. Enfrentarse a los mensajes contradictorios.

40. Responder a una acusación.

41. Prepararse para una conversación difícil.

42. Hacer frente a las presiones de grupo.

GRUPO VI. Habilidades de planificación

43. Tomar iniciativas.

44. Discernir sobre la causa de un problema.

45. Establecer un objetivo.

47. Recoger información.

48. Resolver los problemas según su importancia.

49. Tomar una decisión.

50. Concentrarse en una tarea.


4. Por qué interesa aprenderlas
Estos aspectos integrados en uno mismo son fácilmente mostrables en la actividad profesional y personal diaria. El aprender y desarrollar estas habilidades en uno mismo es fundamental para conseguir unas óptimas relaciones con los otros, ya sean de carácter social, familiar, laboral, etc. Por otra parte, somos más sensibles a las necesidades de los demás y tenemos mejores instrumentos para "modelar" su conducta. Modelar, como sabemos, es guiar la conducta y el pensamiento del otro con el comportamiento y con una actitud personal al cambio, lo cual significa que podemos facilitar de esta manera el cambio también en los otros.

5. Cómo darse cuenta de las que nos faltan
Todas las personas poseemos y hemos aprendido a lo largo de nuestra existencia y en diferentes situaciones a manejarnos de forma adecuada.

Sin embargo, siempre echamos de menos alguna habilidad concreta. Para saber cual necesitas desarrollar, toma la lista anterior y califícate de uno a diez en cada habilidad de cada grupo.

* 1= nada desarrollada.

* de 1 a 5 = aumento en la capacidad pero sige existiendo deficiencia.

* 5= pasable en algunas situaciones pero escasa y no satisfactoria.

* de 5 a 10 = aumenta la capacidad y el aprendizaje.

La perfección no se puede conseguir. Intenta alcanzar una puntuación alta en cada una de ellas. El tener la habilidad no quiere decir que siempre lo hagamos bien, aunque las posibilidades de ello aumentan considerablemente. Si en la autoevaluación que realizas tienes puntuaciones bajas, no te alarmes. Como todo aprendizaje, aunque cueste algo más de tiempo, se puede adquirir.

Fijarte en personas que tienen una habilidad concreta que a tí te falta te ayudará, tambien leer sobre el tema, asistir a charlas y conferencias y preguntarles a tus padres, profesores o amigos como lo hacen ellos. También existen cursos específicos y, por supuesto, puedes asesorarte en todos los centros que te puedan ayudar.

sábado, 24 de marzo de 2007

EDUCAR EN Y PARA EL CONFLICTO Y LA CONVIVENCIA

Francisco Cascón Soriano

Seminario de Educación para la Paz (APDH)

Escribo unos apuntes sobre ideas y temas para reflexionar y profundizar en relación con los conflictos y la convivencia.

La escuela también educa, pero no sola
La educación es un valor a la baja en nuestra sociedad "moderna" y urbana. Todos los sectores socializadores han ido delegando su responsabilidad educativa. La Televisión dice que emite lo que la "audiencia" quiere ver y no asume su responsabilidad pedagógica en los contenidos especialmente infantiles. Así vemos que las series y espacios infantiles potencian fundamentalmente valores de competición, violencia, etc. La familia pasa mucho más tiempo fuera de casa y ocupada en trabajar y conseguir dinero para pagar la hipoteca, que en la educación de los hijos e hijas. En los institutos muchos profesores y profesoras piensan que su misión es transmitir contenidos y no educar, como si fuera posible hacer una cosa sin la otra. Son dos cuestiones que o se apoyan o se entorpecen. Más que nunca tenemos que asumir también nuestro papel de educadores y educadoras, pero también más que nunca hay que decir muy alto que educa toda la sociedad y que los demás sectores tienen que asumir su responsabilidad educativa. Debemos caminar juntos en la misma dirección, creando amplias redes de complicidad educativa (profesorado, alumnado, padres y madres, asistentes sociales, educadores de barrio, asociaciones de vecinos y vecinas, o de inmigrantes…), así como valorando a aquel sector en el que, prácticamente de forma exclusiva, se ha depositado la tarea educativa: la escuela.

No hay educación sin autoridad, pero no es lo mismo autoridad que autoritarismo
Sin autoridad no hay proceso educativo. Sólo se aprende de aquellas personas a las que se les reconoce autoridad, se las respeta o aprecia. Se trata de aquellas a las que estamos en disposición de escuchar y lo haces con la mente y el corazón abiertos. Pero la autoridad no tiene que ver con el autoritarismo. El autoritarismo se impone: con la amenaza, con la intimidación, con la posibilidad de represalias, etc. La autoridad te la reconocen, está basada en la legitimidad. Se gana con coherencia, capacidad de diálogo, sabiduría,… Tanto el autoritarismo, como el otro extremo, la permisividad, hacen perder autoridad (por ej., padres o madres que dicen que sus hijos e hijas no son tales sino sus colegas, cuando los colegas, chicos y chicas los buscan libremente entre sus amistades y lo que esperan y necesitan de sus padres y madres es que sean exactamente eso, que les quieran y les pongan límites, enseñándoles a luchar para ampliarlos). También hace perder autoridad la falta de coherencia entre el profesorado y las familias: el sólo llamar a los padres-madres para reclamar o "echar broncas" y el que padres y madres sólo aparezcan para lo mismo, y/ o el cuestionar al profesorado delante del alumnado, en lugar de interesarse por lo que ha sucedido y comentarlo primero con el profesorado.

No hay esfuerzo sin motivación
Hablamos de que falta una cultura del esfuerzo entre el alumnado pero esto es algo extendido en la sociedad. Queremos que las cosas ocurran sin conflicto, sin esforzarnos, sin asumir las nuevas situaciones que los cambios sociales nos exigen… En cualquier caso, nadie se esfuerza por algo que no le importa. Actualmente, motivar se convierte más que nunca (antes había otros elementos motivadores como la valoración social y familiar que se le daba, el acceso al puesto de trabajo, la mejora social,…) en un reto educativo. Hay que hacer del aprendizaje algo significativo, conectado con el alumnado tanto en contenidos como en metodologías.

El conflicto es inherente, positivo y pedagógico
Debemos comprender que el conflicto es inherente a las relaciones humanas. En el momento que varias personas estamos interaccionando en un mismo espacio por un determinado tiempo, van a surgir conflictos. Incluso aunque se resuelva uno, si seguimos vivos e interactuando, surgirán otros. Y así es el ámbito educativo, donde muchas personas diferentes, compartimos tiempos, espacios y tareas. Lo fundamental será aprender a convivir con el conflicto y hacer de éste, una oportunidad de crecimiento, de mejora, así como una herramienta pedagógica, a través de la cual se dote al alumnado de habilidades y estrategias para aprender a afrontarlos de forma positiva, sin necesidad de que nadie esté presente, tanto en la escuela como en cualquier otro ámbito. Nuestra tarea no debe ser resolver, tapar, controlar, gestionar, ni tan siquiera mediar (siendo la mejor de éstas), asumiendo roles que no son los nuestros (hacen de policía, juzgan , arbitran…), que no sirven a medio y largo plazo y crean dependencias. Se trata de recuperar nuestro rol de educadores y educadoras, aprovechando los conflictos que surgen, ya no sólo para facilitarles el que los resuelvan ellos y ellas, por sí mismos, sino para que de esta forma, aprendan destrezas que les permitan resolver mejor los próximos que tengan.

El conflicto es un proceso
Habitualmente, llamamos conflicto a la violencia directa, a la agresión… Llamamos conflicto a lo que es la manifestación o consecuencia de conflictos mal abordados y peor resueltos. Los conflictos tienen su origen en las necesidades e intereses. Todas las personas tenemos necesidades: biológicas, económicas, ideológicas, afectivas, emocionales,… Mientras las de unos y otras pueden ser compatibles, no hay problema.
El proceso del conflicto comienza cuando las de algunas personas no se satisfacen, cuando las de algunas personas chocan con las de otras, originándose una contradicción, un antagonismo que vamos a denominar problema.
Su no resolución, o lo que es peor, el no afrontarlo, acaba llevándonos a una crisis que suele ser destructiva para quienes lo viven, aunque no tendría por qué. Seguir considerando que sólo crisis es conflicto, nos lleva a esperar siempre hasta esa fase para abordar los conflictos, cuando suele ser el peor momento, en el que no aparece ninguna de las condiciones que facilitan su resolución. Pero, además, esa idea invita a la violencia ya que es como decir: si no originas crisis violenta, no hay conflicto y no te atenderemos. Además, significa que cuando se afronta el conflicto, se tratan las consecuencias y no se está en situación de explorar las causas. Es necesario intervenir en los comienzos del problema y procurar satisfacer necesidades e intereses sin esperar a que surjan los actos violentos.
No hay por qué esperar a la crisis, hay que poner en marcha procesos educativos desde el primer día de curso. Las medidas de control (cámaras, guardias,…), a veces necesarias por el punto al que hemos llegado o dejado llegar, no sirven para resolver los conflictos. Lo máximo que pueden hacer es crear un espacio de no agresión. Es necesario poner en marcha las imprescindibles medidas educativas que incidan directamente en las causas. De no ser así, las agresiones seguirán produciéndose, sólo que en otros espacios donde no estén establecidas esas medidas.

Triángulo de la violencia e implicaciones educativas
Desde la perspectiva de la educación para la Paz positiva, siguiendo las ideas de Johan Galtung, se establece una diferencia entre violencia directa, cultural y estructural. Son los tres vértices de un triángulo, interconectadas entre sí. Podríamos verlo como un iceberg.

La violencia directa es la que todo el mundo ve y considera como tal. Se trata de la violencia sanguinaria, los actos de violencia. Con ser mala, es fácilmente reconocible y públicamente denostada. En el ámbito educativo tendría que ver con las agresiones, las conductas disruptivas… La violencia cultural, según la define Galtung, "tiene que ver con todos aquellos aspectos de la cultura (religión, ideología, lenguaje, arte, ciencias…) que pueden ser utilizados para justificar o legitimizar la violencia directa o estructural". Se concreta en canciones, chistes, historias, películas, costumbres, rituales… que van creando un marco ideológico y conceptual a la violencia directa. Se traduce en actitudes. Hasta hace poco, en las películas estadounidenses, podíamos ver como el bueno era el que fumaba, ahora es exactamente lo contrario. Por otro lado, nos encontramos con la violencia estructural. Se trata de los modelos organizativos y estructuras injustas que mantienen a personas en la insatisfacción de sus necesidades. Es una violencia doblemente dañina: primero, porque está más oculta y muchas veces no es reconocida como tal, y segundo, porque está en la raíz y es la causa de la mayor parte de las violencias directas. En el ámbito educativo se manifiesta en formas de disponer el espacio: patios, aula,… formas de dar la clase, falta de vías de participación del alumnado… La violencia cultural y estructural es la raíz y principal causa de la violencia directa. Y la violencia directa fomenta y hace crecer la violencia cultural y estructural. Casi todos los programas de prevención de la violencia, de gestión, de control… van encaminados a tapar y acabar con la violencia directa. Pero si queremos poner en marcha un programa global de educación en y para el conflicto, conllevará abordar también, y principalmente, los otros dos tipos de violencia, poniendo en marcha cambios:

1) Cambios culturales: tener una visión positiva y pedagógica del conflicto, darnos cuenta de nuestro papel como educadores y educadoras y no sólo como quienes transmitimos contenidos. Es necesario comprender que educar nos compromete no sólo como profesionales sino también como personas, que nuestras actitudes educan y que hay que cuidar y mostrar el currículum oculto que es tan importante como el explícito.

2) Cambios estructurales. Algunos básicos serían:
  • Darle una importancia central a la tutoría y al plan de acción tutorial. Explorar la tutoría compartida, las tutorías individualizadas incluso por más de un año, las tutorías entre iguales (p. ej., alumnado de 4º de ESO tutelando al de 1º)
  • Que los centros de Secundaria se vertebren en torno a los equipos educativos y no en torno a los departamentos. En la actualidad, hay muchos más aspectos que coordinar en cuanto a convivencia, metodologías a aplicar en la clase o el ciclo, etc. que en cuanto a áreas de contenido temático.
  • Un espacio para que el alumnado tome la palabra y participe: la Asamblea de clase.
  • Agrupaciones heterogéneas tratadas de forma heterogénea. Refuerzo dentro del propio grupo, aprendizaje cooperativo, adaptación curricular y metodológica, agrupaciones flexibles auténticamente flexibles, etc.
  • Alternativas eficaces y pedagógicas a la sanción y al castigo, basadas en el reconocimiento, la responsabilización y la reparación del daño.
  • Redefinición del uso y distribución de espacios, por ejemplo, el recreo como un espacio educativo, con una distribución y propuestas de juegos y deportes cooperativos que permitan la participación de todos y todas (sin discriminación de sexo, de edad…).
  • Criterios pedagógicos en la elaboración de los horarios, atendiendo y favoreciendo la puesta en práctica de los puntos anteriores.
Herramientas de intervención:
Hay que construir, desde el primer día de curso y mejor aún, empezando por la base, una pirámide con distintas herramientas de intervención (provención, análisis y negociación, ayuda entre iguales, mediación), si no queremos que las que deberían ser las últimas y excepcionales (la pirámide continúa con medidas como arbitraje, juicio… sanción) pasen a ser las únicas, primeras y habituales.
Básicamente se trata de:

1) Provención (los conflictos no se pueden ni deben prevenir, no se pueden evitar, ni son malos): proveer a toda la comunidad educativa de herramientas, estrategias y estructuras que permitan afrontar los conflictos, cuando apenas están empezando: construcción e integración de grupo, plan de acogida en los primeros días del curso, asunción del espacio como propio, habilidades de comunicación, de toma de decisiones por consenso...

2) Análisis y negociación:
aprender los elementos a tener en cuenta a la hora de analizar e intervenir en un conflicto para una solución "gano-ganas" que siempre respete a las personas. Salas y mesas de negociación.

3) Programas ayuda entre iguales en las clases.

4) Equipos mediación iguales los centros.
Es tan importante que desarrollemos habilidades, estrategias y estructuras para poder fomentar un clima de convivencia y adelantarnos a las crisis, como tener herramientas para afrontar dichas crisis, ya que a pesar de lo anterior, algunas ocurrirán.

Es tan importante que los chicos y chicas aprendan a resolver sus conflictos de forma autónoma como que sean capaces de pedir y aceptar a terceros para ayudarlos, cuando son incapaces de hacerlo en soledad. Se trata de algunos apuntes rápidos para comenzar a reflexionar y profundizar en un tema tan complejo, como actual y necesario de abordar.




Podéis mirar materiales en:
www.pangea.org/pacoc/documentos


También visto en el blog: